Parque Nacional "El Cajas" y nuestro regreso a Guayaquil

domingo, 11 de diciembre de 2011


La mañana había llegado y desde la noche anterior tenía lista mi maleta para mi regreso a la ciudad de Guayaquil, me tome el tiempo para estar acostado unos minutos más para así poder recordar todas las cosas que había vivido en pasados días, pero debía interrumpir mi proceso de visualización y salir del cuarto ya que el resto tenía pensado salir de Cuenca pasado las 11 de la mañana, esto según a una llamada que le había hecho a Marthita antes de salir del cuarto. Melodie acababa de salir del baño y su mama estaba terminando de preparar el desayuno, nos sentamos y empezamos a hablar sobre lo que podía hacer en el parque nacional de El Cajas ahora que íbamos para allá. En esta ocasión lastimosamente Melodie no podría acompañarme ya que tenía unos trabajos pendientes de la Universidad así que solo iría conmigo hasta el hotel donde estaban hospedados el resto del grupo. Me sentía bastante apenado por todo esto y más aun por abandonar aquel hogar donde me habían tratado con tanto cariño, palabras faltaron para expresar mi gratitud hacia ellas, por su buen trato y gran compañía.




Deseándonos cada parte lo mejor en nuestras vidas y sin dejar a un lado la posibilidad de vernos nuevamente en un futuro cercano me despedí de la mama de Melodie con un fuerte abrazo y luego en compañía de Melodie fuimos donde mis amigos, no sin antes pasar por un supermaxi ya que debía comprar unas pilas para mi cámara y otras cosas para el viaje de regreso. Llegamos al hotel con el acostumbrado elegante retraso de los 10 minutos. Todos ya tenía todo listo para salir, solo me quedo la despedida con Melodie con quien me tome una última foto; mientras yo me subía al carro ella se alejaba lentamente mirando hacia atrás. Pasando por el centro de la ciudad empezamos a realizar una búsqueda por algunos dulces cuencanos, en particular por los hechos por las monjas de un monasterio local los cuales tienen la fama de ser los mejores. Nos tomo algo de tiempo pero con paciencia llegamos al local y luego de abastecernos de dulces salimos en dirección al mercado de flores y como última imagen de la ciudad quedo grabada en m memoria las estatuas humanas que estaban en los alrededores de la catedral de la Inmaculada Concepción.



Ya en la carretera invertimos algo de tiempo hablando sobre nuestras experiencias en la ciudad de los cuatro ríos, al volante iba Marthita quien estaba experimentando su primer viaje inter provincial por ella sola. En cuestión de unos 20 minutos estábamos en El Cajas, la idea era conseguir un lugar para almorzar, pero la gran mayoría solo ofrecían esa opción luego de pescar tu propia comida, con esto me refiero a las truchas que abundan en los ríos que hay ahí. Pasamos por el bar tipo hostería donde habíamos hecho un break en nuestro viaje de ida a Cuenca, pasamos por algo de información ya que en aquel lugar solo vendían comida de picar, bebidas calientes en su mayoría y recuerdos. Caminando de regreso a los carros muchos de nosotros aprovechamos a tomar fotos del paisaje, era sencillamente majestuoso, todo el lugar rodeado por montañas tan altas y de donde caía el agua en grandes cantidades, un lugar donde había campos verdes con caballos y un aire muy fresco. Fuimos a una hostería llamada “Dos Chorreras” que parecía muy agradable y donde la atención fue muy buena, nos topamos con una amiga y luego de recibirnos una persona que trabajaba ahí nos sirvieron por cortesía de la casa unos canelasos. El menú era basado en una sola cosa, truchas; las había en muchas formas y de muchos sabores; luego de una larga evaluación me decidí por la “Trucha al vino tinto”, elección de la cuál no me arrepiento ya que fue un plato exquisito y a un precio bastante considerable.






Mientras nos traían nuestros pedidos salimos a conocer la hostería, era grande y sus instalaciones aprovechaban bastante la luz natural del sol lo cual le daba un toque bastante acogedor. Habían salas con chimeneas, comedores grandes con Buffet, fuentes con Truchas, pasadizos tipo cuevas, en resumen un lugar muy bonito donde me hubiera gustado pasar al menos una noche (sin importar el costo que era de 100 dólares) pero de seguro hubiera sido una agradable experiencia. Antes de sentarme nos percatamos de la presencia de una novia quien iba a casarse o ya lo había hecho y estaba en su recepción, tenía la sospecha de haberla visto antes, cosa que fue confirmada después con mi encuentro con una amiga de mi hermana llamada Andrea, la novia era su hermana y estaba ahí por su boda, intercambiamos un par de palabras y luego regrese a la mesa a disfrutar de mi almuerzo.

Cada uno se tomo el gusto de degustar de sus platos, mi principal problema que era la calefacción que estaba a mis espaldas había sido arreglado y conversamos de algunas cosas mientras íbamos terminando de almorzar. Luego de cancelar nuestros consumos salimos por algunas fotos grupales junto al estanque que había fuera de la hostería; había llegado el momento de la despedida ya que estamos en carros separados, salimos del lugar y nos quedaba por delante unas horas más de viaje, pero la neblina viendo lo solitarios que estábamos decidió hacernos compañía en la próxima hora de recorrido. Ante los gritos de miedo de mi compañera de alado vi como mejor opción ponerme a leer un poco, había llevado para este viaje el libro de José Saramago, “Ensayo sobre la Ceguera” y fue este autor quien me acompaño en el resto del viaje. La mayor preocupación de los presentes era que me mareara por leer, pero eso no ocurriría ya que siempre ejercitaba mi mente con lectura en todos mis viajes, el único mal por el cuál pase fue la tapada de oídos, los cuales cada cierto tiempo explotaban haciéndome pasar por desagradables momentos; esto era debido a la altura, así que aprovechando que en el carro había un altímetro iba encontrando la paz mientras la altura a la que estábamos disminuía.

Es una sensación bastante rara eso del cruce entre Costa y Sierra, y viceversa;  sientes ese abrumador calor sofocante y húmedo propio de tu tierra y que sin importar cuantos años hayas vivido en esa parte del país, siempre te incomoda. Nos faltaba menos de una hora para llegar a nuestra querida ciudad y debido al éxito al volante de Marthita y creo más que por el hecho de haber sobrevivido todos al viaje de regreso fuimos a un local de Chilis en Riocentro para aprovechar el 2x1 que había en bebidas con cocteles (para ellas) y de cerveza (para mi). Habíamos llegado a la ciudad siendo las 6 y media de la tarde y tomando se nos fue apenas otra hora más, definitivamente el feriado aun no quería irse y tenia muchas ganas de seguir celebrando, y eso fue lo que hice ya que en la ciudad estaba de visita un primo con quien tome algunas cervezas más en mi casa aprovechando que nadie del resto de mi familia había regresado de sus respectivos viajes.

Este fue sin duda un viaje muy bueno, y no lo digo por las cosas que vi y los lugares impresionantes que visite, sino más bien por el calor de las personas que estuvieron ahí para mi y que me supieron dar eso que tanto necesitaba, unas vacaciones y un momento para disfrutar del ahora. Ahora solo quedaba volver a los horarios tanto de trabajo como los de estudio, pero todo esto es parte de un proceso que aun estoy tratando de comprender, por ahora me despido y espero pronto poder compartir con todos nuevas experiencias de viaje. Hasta luego!

Cuenca, la ciudad de los cuatro ríos!

miércoles, 30 de noviembre de 2011


Definitivamente del día Jueves al Viernes había tenido las mejores horas de sueño del viaje, sentían que eran las 9 cuando en realidad eran más de las 10 y media de la mañana, del otro lado de la puerta, en el pasillo escuchaba a Melodie pasar, decidí entonces levantarme y lavarme la cara; en este día iríamos a recorrer las ruinas de Pumapungo, pero antes iríamos a buscar un lugar donde comer comida típica cuencana y luego a recorrer las partes de la ciudad que faltaba conocer.




En el momento del desayuno estuvimos planeando las actividades del día, no me había reportado con mi amiga Marthita y el grupo, pero sabía que en alguna parte de la ciudad me los encontraría ya que sabía que tenían pensado hacer turismo por la ciudad. Unos minutos más tarde estábamos en el centro de la ciudad y nuestra primera parada fue la Catedral de la Inmaculada Concepción, el primer día en Cuenca había estado en el lugar, pero las puertas estuvieron cerradas asi que no pude apreciarla desde adentro, ahora que estaban atendiendo fuimos para ver el lugar. Este templo es sin duda una bonita obra de arte, muy grande (Es si no me equivoco  el templo más grande en el Ecuador) y mientras caminaba con Melodie íbamos hablando sobre temas relacionados al lugar, Melodie me preguntaba y yo le respondía en la medida que conocía por estar en la Iglesia Ortodoxa. En la entrada te recibe una estatua inmensa de Juan Pablo II y el arte en el lugar era muy interesante en especial como se veían las cúpulas desde adentro de la catedral, los cuadros de las estaciones y el lugar donde el sacerdote oficiaba la misa. Muchas de las personas que estaban en el lugar no mostraban un ápice de respeto, tomándose fotos en lugares en el lugar que les daba la gana; situaciones y comportamientos con los que no me encontraba cómodo, pero supongo que no es la culpa de esas personas, nadie tal vez supo explicarles de pequeños la importancia de guardar un poco respeto en lugares como una iglesia, y aunque no se trate de la verdadera al menos la intención de guardar el respeto a Dios cuenta.


Salimos después de algunos minutos, eran un poco más del medio día y nuestra primera opción de almuerzo fue un restaurante justo a lado de la catedral donde estábamos. El nombre del local era “Raymipampa” y había una pequeña columna para entrar, Melodie al parecer conocía a los dueños y nos consiguieron una mesa, luego de sentarnos y traernos el menú nos pusimos a conversar bastante sobre nuestros pasados, hubo mucha tela que cortar y fue mejor así ya que de esa forma hicimos algo de tiempo hasta la llegada de nuestros almuerzos. Habíamos pedido el mismo plato que consistía en carne, hornado, morcilla, locro y más; un mix que salió bastante delicioso, el plato estaba lleno, pero el hambre pudo más y fue así como pasamos los siguientes 40 minutos entre buena comida, buen ambiente (en especial la vista del parque desde la ventana del restaurant) y sin duda una buena compañía.


Salimos del lugar y bajamos por algunas calles del centro, Melodie quería mostrarme la casa que había pertenecido a sus abuelos y que tenia algunas décadas encima, llegamos luego de caminar unos 15 minutos y en la esquina de aquella intercesión se levantaba una casa de dos pisos bastante bonita y simpática, nos preguntamos que tal hubiera sido vivir ahí y de los pocos que guardaba ella de aquel lugar que algún día planea recuperar.  No dejaba de preguntarme que se sentiría ese sentimiento de pertenencia a un lugar físico, en mi vida no solo he sentido eso por mi ciudad, pero no por una casa… en el transcurso de los últimos 20 años pase por algunos cambios de casa donde no me quedaba un tiempo mayor a los 5 años, luego de irme de ellos sentía la obvia nostalgia, pero no ese sentimiento bonito de pertenencia, tal vez en un futuro no muy lejano Dios me permita sentir eso que muchos le llaman hogar.


Caminando y bajando por las calles de la ciudad llegamos a un convento de monjas que es famoso por los dulces que en dicho lugar se preparan y venden y es que una de las cosas por la que Cuenca es conocida es sin duda por sus dulces, compramos algunos de mucho tipo, la gran mayoría chocolates y cocadas para mi regreso a Guayaquil y para el camino. Unos pasos más adelante nos encontramos con una tipo librería donde vendían bastantes libros usados, me tope con algunos de una editorial que solía leer mucho de niño y Melodie encontró un libro de anatomía que separo para recoger la semana que seguía. Llegamos a unas escalinatas las cuales llevaban a uno de los puentes del rio, pasamos por esos ambientes disfrutando del paisaje y me gusto el hecho de que inclusive haya la facilidad de sentarse a orillas del rio lo cual de hecho hicimos, en los próximos minutos me quede acostado en la hierba mirando al cielo, el sonido del agua chocar con las rocas lograron el ambiente perfecto para el descanso que buscaba, me sentía en paz.


 
 

Avanzamos en dirección al parque donde los vendedores ambulantes ofrecían sus productos, otros artistas vendían sus cuadros y pasar entre el mar de gente que se había formado en aquellas veredas se torno insufrible, más adelante tomamos el camino al llamado “puente roto” que había sido uno entero solo que el rio (no me pregunten como, con lo calmado que me parecio) se lo llevo, ya con la mitad de la estructura en pie optaron en dejarlo como atractivo turístico donde en sus bases se pueden encontrar más vendedores de cuadros y uno que otro cantante urbano; ya arriba del puente dos policías nos ayudaron tomándonos unas fotos y seguimos el sendero en dirección a las ruinas de Pumapungo. El Banco Central estaba casi cerrado, el museo no estaba atendiendo, pero el paso a las ruinas que están colocadas en la parte trasera del edificio si estaban abiertas al publico. Desde ese lugar se sentían corrientes cada vez más heladas a medida que el sol se ocultaba, tuve la oportunidad de ver los hornos de ladrillos hechos por la compañía de los Jesuitas y pudimos apreciar desde lejos el parque de abajo, tratamos de bajar pero un guardia apareció diciendo que ya estaban cerrando todo el lugar, ya saliendo del lugar pude ver algunas llamas que estaban siendo metidas a sus cercas.






Subiendo por la calle llegamos a un bar cafetería llamado “CoffeeTree” que por lo que se también tiene sucursales en Quito y donde se estaba presentando un grupo de Jazz, sin pensarlo 3 veces nos quedamos en ese lugar y pedimos algo para beber sin imaginarnos que estaríamos ahí gran parte de la noche.  Estuvimos hablando del pasado y para sorpresa de ella resulte ser del tipo “romántico” por las historias que le contaba que inclusive fueron usadas para bromas en momentos posteriores.  Justo después de la presentación del grupo llegaban a lo lejos mi amiga Marthita y compañía quienes estaban también recorriendo la ciudad y nos acompañaron en la mesa contigua. Luego de algunas horas de charla y bebidas nos estábamos dirigiendo sin rumbo fijo por las calles aledañas hasta llegar al mismo rio de la tarde, pero por otro lado. Nos detuvimos justo en un lugar donde se escuchaba la música de rock latino que estaban poniendo en un hotel que estaba en la otra orilla del rio, nos sentamos un rato casi sin pensar en lo peligroso que era estar a esas horas sentados en un lugar como ese.  Ya eso no importaba, estas eran mis últimas horas en la ciudad de los cuatro ríos ya que a la mañana siguiente tendría que regresarme a Guayaquil, no sin antes pasar por el parque nacional de “El Cajas”; no quería levantarme de aquel lugar pero debíamos buscar un taxi para regresar a la casa, este había sido un día demasiado bueno, lleno de muy gratas experiencias.

Redescubriendo Ingapirca

lunes, 21 de noviembre de 2011


Habiendo descansado un poco del viaje y del trajín del primer día estábamos en pleno día Jueves y 5 minutos luego de abrir los ojos se me ocurrió llamar a una amiga para consultar sus planes del día; anteriormente habíamos comentado la idea de ir hasta Ingapirca solo que aun no se había confirmado una fecha la cual podría bien haber sido el Viernes o el Sábado, para alegría mía se había decidido que ese Jueves sería el día de la expedición. Tomando algo de fuerzas para caminar hasta el baño y lavarme la cara y los dientes trataba de acostumbrarme al clima frio y a las trampas mortales en las que se convierten los baños con una temperatura un poco mayor a los 10 grados.

En la sala ya me estaba esperando levantada mi amiga Melodie y su mamá quienes estaban terminando de preparar el desayuno, el cual consistía en tostadas, jugo y frutas acompañadas obviamente de una buena taza de café caliente. El televisor estaba prendido, al parecer tenían la agradable costumbre de escuchar música de los 80 a los 90 mientras comían en la mesa. La mamá de Melodie siempre muy atenta trataba de hacerte sentir como en tu casa, me averiguaba todas las actividades culturales que habría en la ciudad en esos días por las fiestas. Como no suelo rechazar una conversación interesante perdí la noción del tiempo mientras intercambiaba experiencias con mis buenas samaritanas y tenía pocos minutos para ir hasta el hotel para reunirme con los demás y salir para Ingapirca, por suerte no fue nada que un viaje en taxi no pudiera solucionar y obviamente la típica excusa ecuatoriana de “en 5 minutos estoy llegando”, luego de 15 minutos habíamos llegado al hotel y en cuestión de segundos salimos en dirección a Ingapirca nuestra guía hasta las tan famosas ruinas Incas no sería otra que la aplicación de Google Maps, cuyo apodo por la voz que usaba en las instrucciones de rutas que daba sería “La señora”. Luego de llenar el tanque partimos, en el  camino Melodie fue mostrándome el lugar donde se encontraba estudiando su carrera universitaria y de sus travesías para poder llegar hasta ella.


Luego de 45 minutos de viaje habíamos llegado a Ingapirca, bueno en realidad a la calle Ingapirca, resulta que la aplicación confundió nuestro destino con una calle del mismo nombre lo cual nos hizo salir un poco del camino, pero preguntando a las personas adecuadas ya nos encontrábamos nuevamente en el camino, sucedieron algunas escenas graciosas mientras una amiga preguntaba el camino hasta las ruinas como una señora que tuvo un susto de muerte lo que provoco las risas de todos los presentes en el carro. Pronto el camino dejaría de ser de asfalto para ser de piedras y polvo, nos llamo la atención que durante el viaje de ida hayamos visto pasar corriendo a dos chicas por el carretero, no podíamos entender algún motivo en particular para la conducta de la señora en querer correr algunos kilómetros y peor aun el como unos metros más adelante una tercera chica se les había unido a la travesía, y así iban las tres haciendo carrera para llegar a un destino que todos nosotros ignorábamos pero que nos parecía un tanto gracioso; decidí entonces sacar la cámara y tomar fotos del paisaje que cada vez se ponía mucho más bonito, pero la amenaza de una fuerte neblina nos asechaba con la promesa de que nos acompañaría por el resto del viaje.


Con una consulta más habíamos por fin dado con la localidad aledaña a las ruinas, llegamos hasta un parqueo y nos estaba recibiendo un frio poco agradable; ya con dos buzos encima y luego de estornudar 10 veces continuamos la travesía, esta vez serían unos 15 minutos a pie donde estaban el museo, las tiendas de recuerdos, artesanías, puestos de comida y almuerzos varios y por supuesto la entrada a las ruinas. Como ya se los había comentado el lugar había sido invadido por la neblina y mientras comprábamos los boletos para entrar (cual parque de diversión) fuimos a la fila, Melodie había dejado encargado unas papas fritas las cuales estarían listas al momento de nuestra salida del lugar. Siendo nuestro turno para entrar nos recibió nuestra guía, su nombre era Isaura y no tenia nada que envidiarle a Jefferson Pérez ya que nadie caminaba y se movía como ella por el paramo. Luego de las instrucciones de Isaura comenzamos nuestro paseo mientras nos daba datos curiosos, culturales e históricos de lo que antes solía ser Ingapirca.

Ingapirca es un complejo arqueológico ubicado a unos 3.120 metros de altura, sus construcciones son de origen Inca y según estudios era utilizado como observatorio del sol y la luna, además era un lugar de adoración y veneración al sol quien fue el máximo Dios para los Incas. Isaura nos explicaba que Ingapirca es una palabra quichua que significa “Muro del Inca” y siguiendo la ruta marcada por el recorrido nos iba explicando este y otros datos interesantes sobre el complejo y de los intentos por tratar de preservar este legado de la cultura incásica. Fuimos encontrando muchas llamas en el camino y con dificultad a la distancia podíamos alcanzar a ver el “Templo del Sol” debido a la fuerte neblina presente. Pasado unos 20 minutos Isaura nos daba desde ya la advertencia de que en el templo del Sol solo podríamos estar solo un total de dos minutos, los cuales en realidad fueron 5. Aun con la neblina presente se podía admirar un bonito paisaje desde la cima del templo e inclusive me pareció haber visto lo que parecía ser una especie de alcantarillado Inca.



Una vez terminado el recorrido Melodie me convenció para ir por unas postales y luego la acompañe a ver sus papas fritas las cuales no sentía en mis dedos por el frio que tenia sin importar lo calientes que estaban, mientras caminábamos hacia el carro había empezado a llover sobre nosotros por la cantidad de niebla acumulada ahí, ya en el carro me dedique a comer toda la comida chatarra que había comprado en el lugar y luego de unos minutos empecé a recuperar el calor en mis manos. Ya de regreso en Cuenca tomamos caminos separados en el centro comercial Millenium Shopping y fuimos a descansar un poco a la casa. En esta ocasión la noche nos tenía preparado una noche de relax, viendo películas en casa, comiendo y conversando amenamente solo que antes de dormir pude ver en mi Twitter que me habían preguntado la ruta hasta Ingapirca y si podía usar el Google Maps, obvio que le advertí que no lo haga, le brinde algunas indicaciones y que para más información que consulte con las personas del lugar. No siempre es bueno confiar en una maquina en un viaje. 

Cuenca, una noche de vino y vacas locas!

viernes, 11 de noviembre de 2011


Luego de algunos meses sin poder disfrutar de un buen viaje tuve la oportunidad de pasar unos días fantásticos en Cuenca, gracias a una rápida decisión y la buena voluntad de una amiga y siendo las 3 de la mañana del 2 de Noviembre el viaje esta decidido y una hora más tarde estaba ya arreglando mis maletas. Mi buena samaritana y compañera de viajes iba a ser Marthita quien iría en un principio con 5 amigas suyas y el novio de una de ellas, estando listos el viaje por carretera comenzó cerca de las 8 de la mañana, en nuestro carro iba conduciendo un chico llamado Carlos el cual trabajaba con el papá de ella.

El viaje no duro más de 3 horas y siendo las 11 de la mañana ya estábamos en el hotel donde el grupo se quedaría. Gracias a un mensaje por Facebook que envié a una amiga que residía en Cuenca a las 3 am ya para las 4 y media tenía confirmado un lugar donde quedarme, y entonces una vez que el resto se terminara de acomodar solo me faltaba esperar a mi amiga. Su nombre es Melodie, antigua y fiel lectora de mi Blog con quien había comenzado una bonita amistad hace aproximadamente 4 años atrás y que por cosas de la vida se encontraba viviendo en Ecuador, esta seria la segunda vez que nos veríamos en persona, pero el sentimiento al verla es como tratar con un amiga de muchos, muchos años y no hay nada que me guste más que compartir momentos de mi vida con personas de mi entera confianza. Cuando ella se había bajado del taxi el resto del grupo se había adelantado a comer en un restaurante llamada el “Pavon Real” y con unas vagas indicaciones de donde quedaba el local procedimos con su búsqueda la cual culmino rápidamente gracias a la bondad de 2 señoras que gentilmente nos habían proporcionado la dirección completa.


Recuerdo haber pedido un plato de camarones y la comida en el lugar no estaba mala, lo único de lo que podría quejarme fue el tiempo de espera, luego de disfrutar de nuestros respectivos platos tomamos caminos separados, el resto tenia planes de asistir a un concierto de noche, mientras yo planeaba conocer la ciudad y obviamente liberarme un rato de mi maleta. Entonces nuestra próxima parada fue a la casa de mi amiga Melodie, cogimos un bus mientras íbamos conversando en el camino, algo que siempre me maravillo de ella fue su fluidez al hablar el español y obviamente su forma única de ser. Luego de 20 minutos de viaje habíamos llegado a su casa, un departamento con decoraciones color rosa que lo hacían parecer un sueño surreal, en la casa nos recibió la mama de mi amiga, una persona siempre presta a ayudar , agradable y de buen corazón quien aparte de su hija me hicieron sentir como en mi casa todo el tiempo. Conversamos durante mucho tiempo, hablando de como nos habíamos conocido, recordando los múltiples mensajes que nos habíamos enviado en los últimos años, intercambiando impresiones, etc. La mamá de mi amiga nos había ayudado con algunos programas sobre las actividades que habrían en la ciudad por las fiestas y luego de probar algunos dulces (Melodie tiene una gran debilidad hacia ellos) salimos hacia la ciudad.


Visitamos el centro de la ciudad, en el pude ver por afuera la Catedral de La Inmaculada Concepción siendo esta la iglesia o catedral más grande del Ecuador, hecha de mármol su edificación comenzó en 1885. En un principio Cuenca me atrajo por su arquitectura, no terminaba de aprenderme bien las calles ya que una se parecía más a la otra, caminamos y caminamos conversando de muchas cosas y luego de mucho andar entramos a una cafetería por algo de tomar lo que luego seria unas cuentas copas de vino tinto y algo de picar. El ambiente era encantador, con familias compartiendo momentos agradables y otros solitarios que trabajaban en sus laptops, por afuera en las calles todos iban y venían y nuestra charla cada vez iba mucho mejor; luego uno de los chicos de la otra mesa mostro su gusto por mi amiga pero el pequeño andaba muerto de miedo de hablarle, su padre y abuela le animaban pero eso solo lo hacia dudar más. Antes de irse el pequeño se animo y se despidió de Melodie y aun cuando era cargado por su padre desde la calle seguía despidiéndose de ella.



Como era la apertura de las fiestas de la ciudad salimos de la cafetería hacia el centro de la ciudad para ver un evento conocido como “Las vacas locas” que eran uno muñecos tipo año viejo que eran cargados por alguien y que a medida que pasaba el tiempo iban reventando y explotando en colores, antes de que ellos salieran la fiesta local era animada por la banda del ejercito nacional, Melodie se preguntaba como ellos le hacían a lo que yo le respondí: “Es el ejercito nacional, saben hacer de todo menos combatir” luego de algunas risas y algunos encuentros con amigos y conocidos de Melodie dio inicio el evento de los juegos pirotécnicos, la gente empezó a rodear a las así llamadas “Vacas locas”, estas empezarón a danzar dentro del circulo que se había formado, eran un total de dos vacas, una cafe y y la otra blanca y cada vez que se acercaban a las personas estás se asustaban por las posibles explosiones que se vendrían y una vez terminado su acto la mirada de todos los presentes se había enfocada en la torre, llena de explosivos que reventaban de variadas formas, piso por piso hasta llegar a la cima donde había uno que al prenderse salió volando dando giros en su propio eje.


Un gran espectáculo y un día digno de recordar, para ese momento estaba cansado y no soportaba mis piernas así que regresamos en taxi a la casa para descansar, nos esperaba una excursión a Ingapirca al día siguiente.

Danzárabe presenta: Maláikah

lunes, 7 de noviembre de 2011



Danzarabe presenta:

"Maláikah" (Ángeles)

DÍAS: Domingos 13, 20 y 27de Noviembre del 2011

HORA: 19:30 P.M.

LUGAR: Teatro Centro de Arte

Entradas a la Venta: Centro Educativo Árabe, Av. Primera 1242 y Costanera (Urdesa Central)

Telfs: 042388989 - 042381216 - 042880181

La presentación anual de Danzarabe, sera para los días 13, 20 y 27 de Noviembre en el teatro Centro de Arte de la ciudad de Guayaquil. Este como todos los shows promete una gala de cultura, arte y un espectáculo visual de gran calidad que solo la única escuela profesional de Danzas Árabes del Ecuador puede ofrecer.


Para más información pueden visitar:

http://www.danzarabe.com.ec

http://www.facebook.com/pages/NEME-Danzárabe/

Dirigido por Néme Quintero Touma